BLOG HERBALISTA.CO



Busca tus temas favoritos:




La espiritualidad humana se habría iniciado con el chamanismo

Sustancias enteógenas
 
Un tercer método para producir esos estados alterados de consciencia sería la ingesta de sustancias enteógenas. La palabra enteógena, acuñada por el profesor de filología clásica de la Universidad de Boston, Carl Ruck, significa etimológicamente “dios generado dentro de nosotros”.
 
La ingesta de sustancias enteógenas es incluso más antigua que la Humanidad. Sabemos que muchos animales las buscan y las ingieren. En el libro del escritor italiano Giorgio Samorini, titulado Animali che si drogano (Animales que se drogan), se describen muchos mamíferos, como elefantes, cabras, monos, gatos, renos, llamas, etc. que se drogan. Pero también pájaros, mariposas, abejas, moscas y mosquitos que se drogan con plantas y hongos enteógenos.
 
El hombre ha copiado a estos animales. Los chamanes siberianos, por ejemplo, copiaron a los renos que ingieren el hongo conocido como Amanita muscaria, llamado también hongo del diablo u hongo matamoscas, precisamente porque las moscas son atraídas por el hongo, ingieren la sustancia enteógena y caen al suelo en una especie de estupor. Luego se levantan y vuelven de nuevo a ingerirla.
 
Tribus de Siberia, como los yakutos, tunguses, samoyedos, etc. beben la orina de los que habían ingerido el hongo matamoscas. Esto es así porque los principios activos pierden las impurezas al atravesar el filtro del organismo.
 
En el Rig-Veda, el texto sagrado más antiguo de la India escrito en sánscrito, se menciona que la bebida sagrada llamada soma se ingiere de la orina de los que la han bebido primero. Esto llevó al etnomicólogo estadounidense, Gordon Wasson a plantear la hipótesis de que el soma, esa bebida euforizante, era un brebaje elaborado con el hongo Amanita muscaria. Como se dice en ese texto: “Hemos bebido el soma, nos hemos vuelto inmortales, hemos llegado a la luz, hemos encontrado a los dioses”.
 
Asimismo se sabe que en el año 900 a.C. un pastor abisinio notó que sus cabras cobraban energía tras ingerir un fruto rojo de un árbol al que posteriormente se le llamó el arbusto del café (coffea arabica). Igualmente se supone que los indios de los Andes observaron a las llamas cómo ingerían hojas de coca y vieron que aumentaba su vivacidad y resistencia, por lo que las copiaron. Todavía lo hacen hoy.
 
Importante para la evolución de la mente
 
El etnobotánico estadounidense Terence McKenna, en su libro El manjar de los dioses, llega incluso a especular con que las sustancias enteógenas han podido tener una importancia en el desarrollo de la mente humana. Lo cito textualmente: “Mi argumento es que la mutación producida por componentes psicoactivos en la dieta humana temprana influyó directamente en la rápida reorganización de las capacidades de procesamiento de la información del cerebro. Los alcaloides de las plantas, particularmente los compuestos alucinógenos como la psilocibina, la dimetiltriptamina (DMT) y la harmalina, pueden ser los factores químicos de la dieta protohumana que catalizaron la emergencia de la autoconsciencia humana. La acción de los alucinógenos, presentes en muchas plantas comunes, mejoró nuestra facultad de procesar la información o sensibilidad ambiental y, por lo tanto, contribuyó a la repentina expansión del tamaño del cerebro humano”.
 
Por cierto, nuestra glándula pineal produce DMT y no sabemos por qué. Asimismo hay que mencionar que, probablemente como resultado de una interacción ancestral entre el ser humano y los enteógenos, tenemos en el cerebro receptores para cannabinoides.
 
El surgimiento de la espiritualidad en el ser humano estaría ligado a la activación de estructuras cerebrales que pertenecen a lo que se llama sistema límbico o cerebro emocional. Esta activación tuvo lugar probablemente de manera espontánea, en los ensueños, copiando a animales que ingerían sustancias enteógenas o mediante técnicas activas o pasivas, que conducen al éxtasis, ya descritas.
 
La activación de algunas estructuras del cerebro emocional proporciona placer, de manera que una vez activadas llevarían al ser humano a volver una y otra vez a conseguir activarlas de nuevo. Es sabido que este placer se produce por sustancias que el propio cerebro genera: las llamadas endorfinas, sustancias parecidas a la morfina que el cerebro utiliza como analgésicos.
 
Sin ellas, los atletas de alto rendimiento, corredores de maratón y todos aquellos que realizan ejercicios extenuantes, no podrían hacerlo por el dolor que el ácido láctico produce en los músculos. La desventaja es que muchos de estos individuos se vuelven adictos a estos ejercicios. Hay autores que sostienen que las endorfinas no son adictivas, pero el hecho es que hay individuos que son adictos a ciertos ejercicios.